Perspectiva de un sistema en el que todo el mundo gana: la energía limpia, el pleno empleo y la reducción de la inmigración ilegal.

 

La reciente crisis financiera mundial ha dejado su huella en los países más prósperos y en los menos. Gobiernos de todo el mundo decidieron rescatar a los bancos ofreciéndoles préstamos para evitar lo que sería otra catástrofe financiera, según dicen.

¿Qué pasa con los ciudadanos ahora que los bancos y gobiernos están en tierra firme? Todavía hay que resolver los problemas de desempleo, el cambio climático y la inmigración irregular, y poca gente con influencias tienen soluciones reales. Los políticos siguen con la retórica banal, la cual no ofrece soluciones específicas.

España representa una de las grandes economías de la Unión Europea pero padece de un nivel de desempleo del 25%, el doble de la media de la Unión Europea. Últimamente las medidas económicas que el gobierno y las empresas han tomado para bajar el nivel del desempleo son contrarias a la opinion popular. Multitudes de empleados tienen que trabajar más horas y aguantar medidas de austeridad como reducción de los salarios, subida del IVA o reducción de días de vacaciones entre otros, por no hablar de la subida de costes de transporte y energía. Todos estos factores contribuyen a la reducción del consumo local.

Aunque industrias como el turismo y las industrias manufactureras están creciendo hay que diversificar los productos que se exportan a los países en desarrollo, que desesperadamente los necesitan para sus economías. Teniendo esto en cuenta es posible que España tenga ventaja en el mercado para exportar la energía renovable al extranjero.

Aumentar las exportaciones de energía renovable a países en los que no hay suficiente electricidad puede reducir el desempleo y abrir las puertas a otras industrias. Producir módulos fotovoltaicos, turbinas eólicas para exportar o desarrollar la logística para la industria agrícola en otros países (como los invernaderos o la potabilización del agua) es necesario para elevar el nivel de vida.

Los países más industriales del mundo ya están implementando medidas para detener o reducir el calentamiento global con inversiones en la energía limpia, pero no la suficiente velocidad. Como el precio de productos derivados del petróleo fluctúa dramáticamente dependiendo de los embargos, tarifas, reducciones de producción, derrames de petróleo, guerras y escándalos relacionados con este recurso natural, ahora más que nunca es el mejor tiempo para abandonar la dependencia de la energía derivada del petróleo y del carbón y hacer una campaña mundial para promover la producción de la energía limpia.

Los países con menos industria quieren desarrollarse en este campo para que sus ciudadanos salgan de la pobreza y participen en

el negocio del comercio mundial. El problema es que la correlación entre países ricos y el consumo del petróleo envía un mensaje equivocado a los países que con grandes reservas petrolíferas. Del mismo modo que los países que exportan la mayoría del petróleo, como los de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), son conocidos por su falta de derechos humanos, sus altos niveles de pobreza, y por la falta de diversidad económica, lo cual pone en riesgo al medio ambiente y al desarrollo socio-económico. También debe mencionarse que, excepto por las centrales hidroeléctricas, ningún país en la OPEP tiene proyectos de energía limpia. Tal vez vayan a esperar hasta que los pozos se sequen antes de implementar programas de energía limpia.

La creencia popular difunde la idea de que si los países más pobres quieren salir de lo que el mundo occidental considera ¨pobreza¨, tendrían que exportar más productos, pero no es así de fácil. El hecho de que estos países tengan problemas para cumplir con sus necesidades energéticas básicas les impide seguir desarrollándose, el principal obstáculo es que si un país no tiene suficiente electricidad no puede tener industria.

Nigeria es buen ejemplo de un país que depende mayormente de exportaciones de petróleo para el producto interior bruto (PIB), pero al mismo tiempo sufre de una crisis energética. Para ponerlo en perspectiva, Nigeria tiene una población de más de 170.000.000 habitantes, pero produce menos electricidad que Irlanda, la cual tiene una población de alrededor de 4.800.000.

Ni el dinero ni el tiempo deben ser un obstáculo o una excusa para no haber instalado ya energía eólica en un país como Nigeria. El precio para construir el parque eólico más grande del mundo en 2009 fue $1.000 millones. Roscoe Wind Farm, en Roscoe, Texas, tiene 634 turbinas que abarcan 400km2 de tierra. Se tardó alrededor de dos años en terminar el parque eólico en Roscoe que da electricidad a 250,000 casas.

Para que Nigeria y otros países en el continente africano diversifiquen sus intereses económicos, habría que resolver sus problemas energéticos. Para ello habría que empezar por importar turbinas eólicas y placas solares. Este año, Nigeria tiene las puertas abiertas a inversores, empresas y profesionales para la exposición de energía alternativa de Nigeria. Con suerte, veremos empresas interesadas en el desarrollo de energía limpia local.

Con respecto a las turbinas eólicas, empresas con sede en Los Estados Unidos, Alemania, Dinamarca, España, e India instalan turbinas eólicas tanto en sus propios países como en otros. Debido a la alta tasa de desempleo de España, este país debe invertir más en la exportación de aerogeneradores y placas solares a los mercados abiertos en África, y debería anticiparse a otros países de la Unión Europea, especialmente a Alemania, que ya se ha recuperado de la crisis financiera mundial.

La actual administración de España junto con los países más ricos del mundo han reducido sus inversiones en energía limpia. Han dado dos pasos atrás en su intento para reducir la dependencia de la energía no renovable y de bajar el nivel del paro a escala nacional.

Si España hiciera más negocios con empresas o gobiernos del norte y oeste de África mediante la exportación de energía eólica y solar, crecerían económicamente. Tal vez habría menos jóvenes africanos saliendo de su país, y se evitaría que esas personas pasaran meses o años viajando a través de tierras hostiles para llegar a las vallas de Ceuta o Melilla.

La producción de energía limpia tendría un efecto doble en África. Primero, con más electricidad más industrias son posibles, especialmente en el desarrollo de nuevos centros urbanos, lo cual puede aliviar la congestión e inmundicia de mega-ciudades como Lagos o Luanda. El potencial de fabricar turbinas eólicas y placas solares en África se puede propagar de forma exponencial, y por lo tanto reducir la inmigración irregular. Aumentar las industrias africanas como la fabricación textil, los suministros médicos, la maquinaría y la agricultura son necesarios para la mano de obra local, por lo tanto, reduce la inmigración irregular.

Segundo, África puede modernizarse mientras tanto y mantener su posición como el continente que contribuye menos al calentamiento global.

Hay muchas batallas sociales y políticas por luchar, pero desafortunadamente la humanidad en su conjunto se está derrotando a sí misma con combustibles fósiles. No se puede separar la ecología de los problemas sociales o económicos.

Ahora más que nunca es nuestra responsabilidad sacar provecho de una tecnología tan vieja como utilizar la energía cinética del viento, y una tecnología tan nueva como la energía solar fotovoltaica para resolver los problemas del siglo XXI.

 

Por Opton A. Martin

 

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